Qué es y qué no es la inteligencia emocional.
La IE se refiere tanto a las emociones como a los sentimientos. Autor: Santiago Lazzati.

          La inteligencia emocional (IE) es la capacidad de las personas para:

  • Percibir y valorar las emociones propias y ajenas
  • Comprenderlas y emplearlas para enriquecer el pensamiento
  • Adecuar consecuentemente sus comportamientos

    La IE comprende tanto las emociones como los sentimientos.

    Vale decir que, en sentido lato, se trata de “inteligencia emocional/ sentimental”.

    Si bien estas dos palabras muchas veces se emplean como sinónimos, no necesariamente son equivalentes.

    El Diccionario de la Real Academia Española las define de la siguiente manera:
  • Emoción: Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática (primera acepción
  • Sentimiento: Estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente (segunda acepción).
  • La IE es un tipo de inteligencia -como lo es la capacidad intelectual- también denominada inteligencia cognitiva.

    Ambos tipos tienen en común la función de percibir y procesar información y de adecuar consecuentemente el comportamiento.

    La diferencia radica en la clase de información que procesan: la primera se refiere a las emociones; la segunda a números, palabras, conceptos, etc.

    La IE se diferencia de la personalidad y de los valores.

    Incluye elementos comunes a los de la personalidad, como la empatía, pero ambos continentes pertenecen a planos diferentes.

    Una persona puede tener cierto grado de neuroticismo o inestabilidad emocional (rasgo de personalidad de carácter estructural), pero merced a su IE es capaz de tomar conciencia de ello y mejorar su autocontrol al respecto.

    Asimismo, alguien muy hábil para percibir las emociones de los demás dispone de opciones: puede emplear su habilidad para perjudicar a otro en provecho propio –o sea, usarla para hacer el mal- o para ayudarlo a superar un problema –es decir, para hacer el bien.

    Se trata en todo caso de una cuestión de valores.

    Por ejemplo, un estafador suele tener una IE desarrollada en cuanto a su radar de las emociones de los candidatos para la estafa.

    Daniel Goleman, el gurú de la IE, ha realizado un gran aporte a la difusión del tema.

    No obstante, su listado de competencias de IE incluye algunos ítems que no responden plenamente a la definición indicada al comienzo porque se mezclan con aspectos de la personalidad o de los valores, como por ejemplo la orientación al logro (con la personalidad) o la transparencia, sinceridad e integridad (con los valores).

    De todos modos, su enunciado es valioso, porque dada una competencia requerida válida como tal en su aplicación práctica, no hace mayor diferencia que pertenezca a la IE, a la personalidad o a los valores.

    La IE requiere considerar debidamente las emociones y pensar inteligentemente acerca de ellas.

    En síntesis, tener una buena combinación de emociones y pensamientos.

    En este orden, existen dos prototipos de conducta en general inconvenientes:

  • El “descontrol emocional”, que es cuando la persona se deja llevar por impulsos emocionales sin pensar lo suficiente en las consecuencias de su comportamiento. Por ejemplo, una agresión verbal inoportuna que provoca una reacción en el agredido contraproducente inclusive para el propio agresor.
  • El “racionalismo estrecho”, que no percibe las emociones en juego o que no las toma en cuenta porque supone que contaminan el pensamiento “puro”. De este modo se excluye del pensamiento información útil para tomar decisiones y actuar en consecuencia. Por ejemplo, cuando se insiste en un argumento lógico a fin de superar resistencias del interlocutor, pasando por alto las emociones de éste, que son justificables o al menos explicables desde el punto de vista psicológico.
  • Considerar debidamente las emociones ajenas no necesariamente implica darle el gusto al otro.

    Bien puede ocurrir que debido al razonamiento correspondiente se decida adoptar una posición “dura” que no responde a los deseos del interlocutor.

    Pero una cosa es pensar inteligentemente acerca de las emociones y otra cosa es ignorarlas.